viernes, 14 de noviembre de 2008

El arte de narrar (reflexión del género narrativo)

El título de esta reflexión pertenece a un capítulo leído en clase de Walter Benjamin, y es para mi, la frase que sintetiza todo el proceso de narración que puede llevar adelante cualquier persona, pero un proceso visto desde el punto de vista artístico, desde esa arista (o faceta) de arte que cada individuo (a veces sin saberlo) posee. Si bien no es una tarea nada sencilla tomar asiento, y volcar en el papel alguna idea que sea puntapié inicial como para desarrollar una narración, lo cierto es que una vez que esto ocurre, los destinos de nuestras propias narraciones dejan de ser inciertos, para convertirse en historias sólidas, historias que cargan consigo el peso de haber existido en la realidad misma, o simplemente en la imaginación de algún narrador. El camino de la narración puede ser visto, en un primer momento, como un camino que no posee un final, que no se corta, que atraviesa dificultades por doquier pero que siempre continua, decir que una narración terminó equivale a decir que el narrador terminó de contarla, y eso no puede suceder, el narrador siempre continúa de un modo u otro sus historias, aunque no las refleje en un papel, en su cabeza quedan flotando otros tantos destinos inciertos que podían haber cerrado la narración, pero siempre quedará latente otro posible final, otra posible interpretación, y esto es lo que hace que la narración no posea un final concreto, que siempre deje la puerta abierta de lo que pudo haber sido y no fue, que establezca un juego de ida y vuelta con el lector, que me permita contar como quiero que sea una historia, y también como no quiero que lo sea. Creo que es un maravilloso proceso el poder narrar, el poder elegir, el poder crear.
Dentro del mundo narrativo, Yeannoteguy y Alvarado nos ofrecen un vistazo histórico acerca de aquellos cuentos que han marcado la infancia de muchas generaciones en diversos lugares del mundo y que tienen como una historia dos, recordando un poco a Piglia, un fiel reflejo de las sociedades de esas épocas. Las narraciones, tanto escritas como orales, pueden desprenderse de ideas que provienen de la propia experiencia del narrador, aclarando aquí que el narrador de textos escritos no es el autor de la obra, sino que es una voz que narra dicha obra. En cambio, la narración oral no posee autores identificados, siempre se narran en tercera persona.
¡Qué importante es contar con la herramienta de la descripción en el cajón del escritorio! Ese utensilio que me permite describir rasgos, aspectos, fragmentos de algo determinado en un retazo de tiempo dado. ¿Qué mejor que la descripción para narrar la primera vez que uno vio el mar? O ¿el primer día de escuela? O simplemente el momento en que uno se enamora. Obviamente que todas estas descripciones implican un trabajo mental con los recuerdos, para lograr que emerjan lo más sólidos posibles y me permitan reconstruir esa escena, básicamente describirla.
Benjamín nos define a la narración como una “forma artesanal de la comunicación”, y es este modo artesanal el que reconstruye (desde la experiencia) un suceso y decide compartirlo, describirlo, o articularlo de modo tal que le llegue a alguien.
Raymond Carver escribió algo que aún me deja pensando, y que dice: (...)“a riesgo de parecer tonto, un escritor necesita a veces tan sólo presenciar con la boca abierta esta cosa o la otra –un atardecer o un zapato viejo- en puro y absoluto asombro(...)”. Me parece esto una síntesis acerca de lo que implica el oficio del narrador, la cual ante todo invita a la reflexión de quién narra primero, y quién recepta en segundo lugar. Pienso que si un narrador logra presenciar cualquier acontecimiento que se le presente ante sus ojos y luego trasladarlo (mediante la narración) a otra persona ( o a algunas otras personas) de un modo similar, fragmentado, o hasta con los condimentos propios de la ficción, ese narrador ha cumplido con su objetivo. Ha contado una historia, ha invitado a su lector a sumergirse en ella. “El arte de narrar es un arte de la duplicación; es el arte de presentir lo inesperado”(Ricardo Piglia).

viernes, 7 de noviembre de 2008

Fotos (de Rodolfo Walsh)

Se pueden pensar en este cuento, al modo de Piglia, dos historias dentro de un mismo cuento. Por un lado, tenemos la historia uno en donde Mauricio es mostrado (por el narrador) como una persona querida por sus amigos, que encuentra en la fotografía algo que realmente siente y disfruta, pero por detrás de todo esto, tenemos a la historia dos, en la cual toda esa locura que parecía estar emparentada con la simpatía de Mauricio, se convierte en una locura ante la mirada de los otros, peligrosa. También comenzamos a entender que Mauricio es un personaje atravesado por el sufrimiento, lo que no cambia es su amor por la fotografía, amor el cual lo lleva hasta el extremo de fotografiar su propio suicidio.
Walsh utiliza distintos recursos a lo largo del cuento, la historia es narrada por distintos personajes, en distintos apartados que aparecen de manera fragmentaria. En ningún momento aparece una linealidad en el relato, ni temporal, ni espacial. Incluso, hasta aparecen partes de cartas. Al lector no le aparece toda la historia ya construída, sino que es éste mismo el encargado de ir armando la historia (como un rompecabezas).

Cuento de Leandro Viggiani (devolución)

El cuento de Leandro parece tener todos aquellos ingredientes que constituyen un buen cuento, con matices románticos, y también tiene ese toque de descripción que hace que quien lee se vaya imaginando a su protagonista como tal, rubia, de vestido y con mocasines, corriendo por el campo. Me gustó mucho releerlo, y me hubiera gustado (y esto a modo de sugerencia) que Leandro alargase un poco más el cuento (no mucho) y que nos contara lo que imaginaba el narrador que pasaba por la cabeza de ella, imaginando posibles encuentros con su amada, posibles finales (por más que no hayan ocurrido realmente, posibles desencuentros ¿por qué no?. Me parece una historia muy bien contada, muy bien articulada, muy bien descripta, sólo me hubiese gustado saber un poco más de lo que el narrador supone que piensa la protagonista.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Condenados a hablar

Martes 28 de octubre, Universidad Nacional de Quilmes, 20 hs., salón auditorio. Se llevan a cabo dos días de jornadas acerca de los procesos comunicacionales y las prácticas culturales. Me toca presenciar el primer día de charla en donde el eje central es la comunicación radiofónica comunitaria. La presencia de Oscar Bosetti (docente de la carrera de Comunicación Social de Quilmes, entre otras instituciones) resulta estelar en la reunión que nos convoca. Él es el encargado de dar el inicio, planteándonos si es pertinente o no decir que la función de la radio comunitaria es básicamente darle la voz a aquellos que no la tienen, él dice: “…no es que no tienen voz, es que sus voces, desde hace cinco siglos han sido acalladas... (y prosigue) cuando uno hace radio no tiene otro camino más que hablar, la materia prima que utilizamos para ello es la palabra”. La comunicación radiofónica comunitaria, como movimiento, se ha hecho cargo de la palabra social. Este fabulosa herramienta llamada radio, vio la luz en el año 1927, y desde entonces se ha planteado cuál es verdaderamente la meta que tiene que pensar la radio como tal, hacia donde nos orienta esto. Bosetti concluye su exposición respondiendo a este interrogante: “que el oyente no sea oyente, sino protagonista”.
En la segunda parte de la charla, interviene Francisco Godinez Galay (director del centro de producciones radiofónicas), él propone ahora el tema de la producción de contenidos que deben afrontar las radios comunitarias, (al igual que otras que no lo son, pero a las que tal vez les cueste un poco menos conseguirlo). Las radios comunitarias son aquellas que se sitúan más cerca de la población; aquellas no comerciales, sin fines de lucro, y por ello deben portar el carácter de radio “legal”, deben tener una ley que las ampare. El último en exponer es Diego Dominguez (actual miembro de una radio comunitaria), quién afirma: “todos tenemos voz, pero por ahí no tenemos un micrófono o antena disponibles, pero se pueden conseguir. Desde la experiencia, Diego refiere a los acontecimientos que tuvieron lugar el 19 y 20 de diciembre de 2001 en nuestro país, los cuales (de algún modo) obraron de disparador para (entre otras cosas) impulsar la radio "La Colectiva", radio que él conforma y la cual, en la actualidad, es transmitida por internet mediante la Red Nacional de Medios Alternativos (conformada en 2004). Cierra su exposición con una breve reflexión personal: “cuando uno conoce la radio, termina enamorándose, y adentrándose así en su formato”.
La charla deja muchas cuestiones planteadas, las cuales llaman tanto a la reflexión como a la preocupación. Se halla presente la necesidad de obtener ese ansiado título de “legalidad” (que sólo puede provenir por parte del estado), que le corresponde a este medio comunitario. Como prestador de servicios en la sociedad civil ( y que también hace su aporte en los ámbitos culturales y educativos de la misma), la radio debe contar con dicho rótulo, entre otras cosas, por el simple hecho de que cuenta con casi todas las características necesarias para ser considerada un medio (o al menos trabajan a diario para conseguirlo). Como decía, el estado es quién debe garantizar esta cuestión, promover la expansión de éste (y otros) medios de comunicación.
Luz, micrófono y voz para todos aquellos que desean participar de un medio de expresión y difusión como lo es la radio comunitaria.



Para mayor información, dejo algunos links que pueden ser útiles:
www.lacolectiva.com.ar (Radio La Colectiva)
www.rnma.org.ar (Red Nacional de Medios Alternativos)

El Solitario (dos historias, un solo cuento)

Ya ni siquiera se cuantos días han pasado, cuántos años, estaciones, la soledad es como un cautiverio, qué digo, es todavía peor, el cautivo no está solo, está con otros cautivos, ojala pudiera hacer lo que hacen en las prisiones, descontando los días en los que terminará esta soledad, pero no, es imposible.
Mi destino es absurdo, cuando el frío llega junto a las estalactitas, mis ropas comienzan a caer, quedo absolutamente desnudo, cuando el calor asoma junto al fuego, el abrigo vuelve a aparecer, como si fueran mil frazadas que me envuelven.
He tenido compañías pasajeras, es cierto, pero dígame usted, cuan acompañado se sentiría con una colonia de hormigas rojas trepando su brazo, con una oruga colgando en sus orejas que una vez convertida en mariposa vuela para vaya a saber uno donde, con una ardilla mordiendo sus talones.
A veces sueño… despierto, porque me cuesta tanto dormir, sueño con un rostro que me pueda mirar fijamente a los ojos, que no se vaya corriendo, que no se escape de mí.
De vez en cuando siento que los autos que pasan por la carretera se ven atraídos por mí, como si quisieran embestirme a toda velocidad, pero alguna razón extraña los mantiene sobre el carril, sobre esa interminable línea punteada amarilla…. Salvo aquella vez…
Ya atrás, han quedado en el tiempo las tardes en las que el hombre con apellido de Dragón, despreocupado, componía dulces y melancólicas melodías, me enseñó que la luna tiene algo de rosa, supe que el tampoco podía dormir, ya no le interesa visitarme, tampoco se si vive. Él decía que la soledad era el precio que tenía que pagar por la verdad, que la sabiduría era imposible en sociedad, pero cuanto haría yo por desprenderme de toda esta verdad que tengo. ¿De Qué me sirve una verdad, si no tengo con quién compartirla?.
Atrás han quedado los jóvenes felices que venían a dejar sus nombres en mi cuerpo. Las personas protegiéndose de la lluvia y de los rayos, los niños subidos a mi hombro, con las rodillas un poco raspadas, pero definitivamente felices.
Me pregunto si yo no seré el culpable de todo esto, si hay algo en mí que hace que los demás se alejen, me pregunto si todo será por aquel incidente.
Se me hace insoportable ver la carretera, pensar que tantos pasan tan de cerca, y nadie se asoma ni siquiera a mirarme, a ofrecerme un poco de agua a cambio de un poco de sombra. Antes lo hacían más a menudo, dejaban el auto ahí, desplegaban manteles floridos realmente horripilantes, y tomaban mate, o comían un sándwich, y hablaban de cuanto faltaba para llegar a Mar del Plata, cuanto para Necochea, de que iban a hacer varias paradas más.
Ustedes si me vieran, ya sin raíces, cómo puedo seguir viviendo, ni yo lo se, me he quitado todas las raíces, pensando en otro mundo, más oscuro quizá, pero menos solitario, pero nada ocurrió.
Lo único que desearía es volver el tiempo atrás, no se exactamente a que momento, porque no se cuando todo empezó a andar mal, o quizá el tiempo adelante, nosotros los solitarios, no sabemos si en realidad el tiempo no corre hacia atrás.
Pero… el ultimo en mirarme, no puede ser, aquél auto… el conductor nocturno que me vio… me niego a pensarlo, pero ya es innegable, aquél conductor que se estrelló con su auto contra mi cuerpo… ya nada queda de él, ha sido el último, el ha muerto, y todo aquél que me vea correrá el mismo destino, ahora entiendo, ya nadie se atreve a acercarse a mí, no saben que nada de esto es mi culpa, si tan solo supieran lo que es ser un árbol maldito… si tan solo estuvieran dispuestos a morir.

sábado, 25 de octubre de 2008

Nota al pie (Rodolfo Walsh)

Establece un diálogo (implícito) entre los personajes. Utiliza este apartado al pie de página, como para responder o agregar algo a las frases pertenecientes al relato. Lo interesante es como este apartado, va cobrando vida, al punto tal de pasar a ser más importante que el mismo relato. No ocupa ya un lugar mínimo, marginado y aclaratorio debajo de cada hoja, sino que pasa a convertirse en una de ellas. Pasa a ser la historia contada desde las notas al pie. ¿Cómo lograr que aquellas olvidadas palabras situadas al pie de página cobren tanta consistencia, al punto tal de opacar casi por completo a lo que se refiere al texto en sí? Solo Walsh puede contestar esto.
Mediante la carta del personaje de León, se va construyendo una de las historias, la cual crea un hilo de yuxtaposición con la otra historia que puede leerse. Esta carta que va apareciendo primero a cuenta gotas, luego va cobrando importancia y adquiriendo cuerpo dentro del texto. La postura de Otero frente a este León luchador (el cual se apodera de la palabra del otro) es de un notorio poderío, el cual marca lo que quiere hacer, que fin desea llevar a cabo. Si hay alguien con la autoridad suficiente como para eliminar esas notas al pie, ese es Otero.

Otra tarjeta de escritor (extraviada)...

"Lo importante nunca se cuenta. La historia secreta se constituye con lo no dicho, el sobreentendido, la alusión".
(Ricardo Piglia, en tesis sobre el cuento)