lunes, 29 de septiembre de 2008

No tan Buenos Aires

Parece ser el título de un tango. Pero no. Es el retrato de un sitio de la ciudad de Buenos Aires, Dock Sud, el cual refleja que lo que allí se respira no es un aire bueno, sino todo lo contrario. Trata una problemática social, ambiental, generacional (si tenemos en cuenta que las familias que allí viven son ya de varias generaciones), utiliza este cronista, los testimonios, las versiones e historias contadas por sus propios protagonistas (quiénes mejor que ellos para mostrarnos la realidad en la que viven). También juega con lo temporal, refiriéndose a un pasado y dejando la inquietud plantada de qué pasará en un futuro si eso no tiene solución. Es también un pedido,(así lo leo yo)para que las autoridades a cargo, tomen cartas en el asunto y piensen en las familias que allí viven, en los daños irreparables que ya sufrieron y lo que seguirán padeciendo, de no hallarse un camino de salida posible. Las empresas no se hacen cargo. El gobierno no se hace cargo. Mientras tanto, las familias padecen. Imagen de Dock Sud

La política en los boxes (por Esteban Schmidt)

Política, políticos, lugares de ocio, de ostentación, todo ello reunido en esta crónica que muestra la desvirtuación de nuestra querida política argentina. Acuden a los mejores restaurantes, se hospedan en los hoteles más lujosos, y son los encargados de velar por nuestra seguridad, nuestros intereses, etc. Se nombran personajes como Kirchner, Ruckauf, Scioli, entre otros. es interesante notar que es una crónica publicada en la revista Playboy , revista en la cual, sus fieles lectores piensan encontrar imágenes subiditas de tono, y demás... y un día se encuentran con esta crónica. Algo de relación habrá no¿? Entre esta crónica, el lugar donde es publicada, los lectores que pueden llegar a ella...
Imagen de Puerto Madero

Crónica: A Caballo de la Fe (por Hernán Brienza)

Crónica acerca de la travesía que lleva a cabo el cronista en la provincia de San Juan, en peregrinación hacia el santuario de la Difunta Correa. Éste relato, juega mucho con lo temporal, es decir, lo que el autor resume tal vez en un renglón, en realidad son doce horas de cabalgata, camino al santuario. Es una crónica que provoca sed y cansancio al leerla, puesto que el lector se pone en la piel del cronista, y hasta toma estas sensaciones que obviamente él ha sentido. Es también un relato cuya prueba más evidente es la propia fe. Gente que se acerca, año tras año a venerar la figura de ésta mujer, a pedirle algún milagro, a agradecerle los milagros concedidos, algún político que aprovecha la multitud reunida para hacerse propaganda así mismo. La cuestión es que allí están todos, empujados por la fe o por el interés, pero allí están. Al terminar la celebración de la Difunta, y luego de varios días cabalgando y acampando con gente desconocida, pero casi siempre muy amable, el cronista entiende, de un modo u otro, el porqué de la devoción por ella.

REFLEXIONES SOBRE EL GÉNERO (por Amar Sánchez)

-(Fragmentos del texto de Amar Sánchez que luego se incluirán en la reflexión final y personal del género).

“El género (de no-ficción) se juega en el cruce de dos posibilidades: la de mostrarse como una ficción, puesto que los hechos ocurrieron y el lector lo sabe y , por otra parte, la imposibilidad de mostrarse como un espejo fiel de esos hechos. Lo real no es describible “tal cual es” porque el lenguaje es otra realidad e impone sus leyes: de algún modo recorta, organiza y ficcionaliza.”

“Cuando se piensa en géneros se piensa en límites: históricos en primer lugar, porque los géneros no son eternos, surgen, se desarrollan y desaparecen o se transforman, su condición es esencialmente histórica y social.”

“El género es una de las alternativas formales que la narrativa de los últimos treinta años ofrece como salida frente al relato realista; esta perspectiva es la que exploró Rodolfo Walsh en la Argentina a partir de Operación Masacre.”

“El género no ficcional propone una escritura que excluye lo ficticio y trabaja con material documental sin ser realista.”

“(...) Desde la perspectiva del género de no-ficción, señala el vínculo esencial que mantienen en él verdad y sujeto. La verdad es la verdad de los sujetos, los que participan como testigos, los que dan sus testimonios, los “personajes” de los hechos, pero también, y especialmente, los sujetos de enunciación, son los que definen la condición de relatos de los textos.”

“La peculiar fusión entre narrador textual y autor real arrastra una notable incidencia de “lo personal”: su voz, su perspectiva (aún en los casos en que sólo organiza testimonios de otros) implican siempre una politización del relato.”

sábado, 27 de septiembre de 2008

Detrás del espejo

El espejo, siempre unido a lo maravilloso y lo mágico, es una imagen perfecta que separa el mundo interior del exterior, el mondo consciente del inconsciente: duplica la realidad, invirtiéndola. De este modo todo sucede al revés, como en un sueño, que es -en el fondo- también la vida.
Lewis Carroll.

















Ilustración de John Tenniel "Merienda de locos".

viernes, 26 de septiembre de 2008

A la espera de una crónica

Mientras armo el planeamiento de mi crónica, surgen una serie de cuestiones, como por ejemplo:
-Qué tipo de información poner, puesto que cuando uno tiene mucha información, mucho material, cuesta seleccionar, porque parece (o por lo menos a mi) que si dejo algo fuera, me va a quedar incompleta, o no se va a poder leer todo el trabajo que hay detrás, o que se yo... en mi caso ya con la entrevista tuve que recortar bastante para llegar al límite acordado de 5 ó 6 carillas, y creo que en este momento de la crónica, me va a pasar lo mismo, cosa que lamento porque verdaderamente tengo mucho para mostrar en la crónica.
-La utilización de alguna imagen, dado que sería de mucha ayuda un material visual, porque además de contar algo de modo escrito, quedaría más claro también, poner alguna foto.

Crónica de un paseo anunciado

Una Hora y media me separa nada más, del teatro Sarmiento, sitio ubicado al lado del jardín zoológico porteño. Junto con dos compañeros, partimos desde un punto dispuestos a presenciar una obra teatral, de la cual mucha información no tenemos. Tomamos el colectivo 159 porque estamos medio justos con el tiempo, subimos al subte línea D (el de color verde), y bajamos en estación: Plaza Italia.

Bordeamos, como ya habíamos predicho, el zoo, y observamos desde la vereda las plantas y arboledas que dan contra el débil alambrado que nos separa del oscuro predio. Por momentos, comento, tengo la sensación de estar dentro de la película Jurassic Park, y que en unos segundos, esos arbustos comenzaran a moverse como indicándome que hay algo detrás de ellos. Así funciona en parte, la imaginación. Atravesamos ya la parte de terror, y llegamos al complejo teatral, allí nos espera otro grupo de compañeros.

Entrada en mano, ingresamos a la sala. Ese será el primer encuentro con los protagonistas de la obra. Hay una mesa con autitos de juguete, cajitas de fósforos, un sifón de soda, un mazo de naipes (que los actores usarán mientras las personas se terminan de ubicar en la sala) El que más llama mi atención es un hombre ya entrado en años, vestido de traje, que minutos más tarde se presentará como Guido Valentinis. Guido es asesor en seguridad vial en el Automóvil Club Argentino (ACA), y nos muestra a lo largo de toda la obra su postura como tal, será también quién describa las causas de un auto chocado que se mostrará por un proyector que se sitúa frente a mí, pero de espalda a los actores, minutos más adelante. También está en escena Carlos, él tiene una historia peculiar para contar, acerca de cuando (un tiempo atrás) se dedicaba a la fabricación de material (gruesos) que luego se utilizaba para fabricar fósforos, durante siete años de su vida, para relatarnos esto, Carlos tiene fósforos a mano, enciende uno de ellos a modo de explicación para nosotros, mientras saca un cálculo mental y oigo que como resultado dice 960.000 fósforos, ese es el promedio que se fabricó durante los años que él se dedico a eso. Mientras, en la sala, se puede percibir el olor al fósforo quemado que yace en el piso, y su respectiva combustión. Es Carlos quién recuerda a su vez, un accidente que sufrió automovilístico, un incendio en realidad de su propio auto, el cual resolvió de modo práctico: lo extinguió con un sifón de soda (toma un sifón de la mesa y actúa el hecho).

La última de las protagonistas es una mujer, Lily Segismondi, quién orgullosamente admite ser la única persona dentro de la escuela de manejo, que no sabe conducir. Lily está vestida con una pollera negra y roja, con cortes irregulares y una remera negra (muy elegante), con un rostro que no termino de comprender si la muestra contenta o está melancólica, cuenta una anécdota propia, que le sucedió cuando trabajaba en una parte del ACA de atención al cliente o reclamos, bien no recuerdo, lo que si recuerdo es que la mayoría de los presentes larga una carcajada o alguna sonrisa cómplice cuando termina de contarla. Los tres personajes tienen algo para decir, los tres nos cuentan algo, los tres se respetan sus tiempos e interactúan con mucha camaradería entre ellos.

El reloj de pared, ubicado al lado del proyector, marca ya las 21:40 hs., los actores (porque para mi serán actores hasta lo último, aunque luego me entere que no es tan así la cosa) arman una mesa de pic-nic en el escenario, toman unos vasos y un sifón de soda (que se hallaba en la mesa grande descripta anteriormente), se ponen a charlar, como grandes amigos, acerca de las personalidades que han visitado la escuela en algún momento, o que han ido a renovar sus registros, ect., entre los que nombran me quedan algunos: Roberto Pettinato, Mario Mactas, Karina Mazzoco y Cecilia Roth (entre otros). Esta es la parte de la obra quizás, que encuentro más improvisada por parte de ellos. Acto seguido, en el proyector de fondo (el cual obra como un cuarto actor dentro de la obra) se ven imágenes de cómo funciona un simulador de manejo. Lily, con este paisaje detrás, comienza a bailar incomprensiblemente (por momentos me recuerda a las bailarinas de los programas de cumbia de televisión), Carlos empieza a cantar una canción en italiano, de la cual algo llego a entender, luego se prende un cigarrillo con la misma caja de fósforos que tenía al principio. Luego, nuestro amigo ya, el proyector, mostrará imágenes de éstos personajes en Warnes, buscando trajes de automovilismo para la obra, a modo también de excursión. Finalmente, Carlos explica que esos trajes eran los atuendos que tenían pensado usar, pero que por H o por B, no los eligieron. Nos muestran aquí un souvenir que se trajeron de allí: un cubre-volantes terapéutico, que promete menos stress para quién conduce, y el cual mediante masajes hacia la mano, provoca reacciones beneficiosas en otras partes del cuerpo. Lily se lo lleva porque afirma que a ella le sirve.

Carlos, nos lee una carta que su mujer le escribió cuando supo que iba a comenzar en el teatro, finaliza con una lágrima suya. Mientras tanto Guido y Lily oyen atentamente sentados en la mesa de pic-nic verde. En el proyector comienzan a verse una serie de imágenes de vialidad, y los tres protagonistas comienzan de modo coordinado una rutina de baile. Luego piden la participación del público para bailar.

Fin de la obra. Somos invitados a compartir una picada rutera en una sala adjunta a la que estamos. Nos dirigimos hacia allí, y nos encontramos con una mesa con mortadela, tortillas (de acelga y papa), milanesa cortada en cuadraditos, cremonas, gaseosa y cerveza. Permanecemos unos minutos allí, comiendo y hablando con los actores.

La obra trata de una problemática aparentemente banal, y muestra los vaivenes de los protagonistas que juegan todo el tiempo con el pasado y lo vivido en ese pasado, y el destino que tuvieron. Juega mucho con lo que pudo haber sido y no fue, todo desde una mirada de traji-comedia. Me parece que no era necesario que el anclaje de la obra fuese en una escuela de manejo, se podría haber abordado desde otro escenario, el cual le diese un hilo más conductor a la obra, una herramienta para que el espectador comprenda la totalidad de la obra, de la historia que se cuenta, de los personajes, etc.

En el viaje de vuelta hallé más distracción y distensión de la que tuve viendo la obra, fue un viaje en subte más que desopilante y un feliz retorno al hogar.