sábado, 2 de enero de 2010

Momento Kodak

Un día de diciembre iba viajando en el tren hacia la zona sur, cuando interrumpió el viaje un vendedor ambulante, muy simpático y amable. El hombre vendía unas polvitos de colores y un molde redondo plástico, con eso y un minuto de paciencia se formaban unas pelotitas de esas que pican en el suelo. Mucha gente en el vagón, curiosa pedía el producto y hasta lo compraba, porque siempre hay algún sobrinito, ahijado, primito a quién regalárselo. En un momento dado, el hombre ofrece su producto a un nene que venía con su mamá, la madre puso cara de que no era buen momento de comprar nada, le dijo al vendedor, "la próxima, ahora no hay plata", mientras el nene miraba hacia abajo. El vendedor respondió "ningún problema, recuerde mi cara así sabe que soy yo el vendedor". La cara del nene decepcionado por el regalo que no fue, me impactó y por ello, busqué en mi monedero plata para comprarle uno, de paso me paré porque bajaba en la próxima estación. Nada fue necesario, el vendedor habló con un joven que estaba en la puerta justo para bajar, le dio en las manos una cajita de los polvos con el molde y le dijo, "dásela a ese nene de ahí". El joven acudió al pedido, se acercó y se lo dio. Los ojos del nene se iluminaron... la madre no comprendía nada y le decía al nene que se lo devuelva al joven... el joven bajo del tren y el vendedor le dijo a la madre "ya está, lo pagó él". El nene de la emoción que tenía y la confusión de cómo eso llegó a sus manos, abrazó a su madre.
No vi una escena tan tierna y tan llena de humildad hacía mucho tiempo.
Creo que el vendedor se llenó de alegría ante semejante gesto, el nene quedo sorprendido y agradecido, la madre igual... yo al igual que otros pasajeros que disfrutamos la escena, quedamos con una sonrisa en nuestro rostro, poco habitual en el viaje en tren.
En fin, momentos "kodak" para compartir.... Kodak porque son para sacar una foto instantánea y recordar siempre que hay gente buena que hace cosas buenas.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La soledad del transeúnte cuando cae el sol

Es de público conocimiento que el epicentro de la capital, más conocido como el microcentro porteño, está comprendido por un par de manzanas, una decena de semáforos, un millar de autos negros y amarillos, y mucha (pero mucha) gente. Ahora bien, esta excéntrica mezcla comienza a desvanecerse con la desaparición del sol. Cerca de las veintidós horas de vida del día, este paisaje aglutinante parece relajarse, descomprimirse, distenderse. Son pocos los que rozando la medianoche deambulan por el desértico centro porteño, aunque todavía esos autos bicolores transitan con algún que otro pasajero, y los colectivos siguen pasando (más espaciadamente, pero siguen pasando), pero siempre alguien queda. Esa historia que queda, pertenece a ese lugar, empezó allí y allí ha de terminar, esos pocos que quedan respirando el ya viciado aire de la noche, son testigos indirectos de la soledad de las calles. Confieso que hay algunos tramos del microcentro que me producen cierta melancolía, no defino bien porqué, pero me despiertan sensaciones raras, por momentos de leve tristeza, y por otros momentos de añoranza. ¿Será que el centro porteño simboliza el centro del ser humano en sí?, es como si fuera su esqueleto, o más importante aún, su corazón. Obviamente que la gente que vive en el campo, no experimenta nada de esto, sino todo lo contrario, expresa cierto aire de ahogo, de agobio, de extrañeza, todos sentimientos que yo no sentí nunca por el lugar (tal vez me pasaría eso si me fuese a vivir al campo, aunque suene raro, sintiendo lo que siento por la capital, me sentiría extraña en otro lugar distinto). ¿Puede ser que tantas vacaciones veraneando en la costa atlántica me hayan despertado este cariño por el tumulto?, no lo sé, porque no sólo me gusta el microcentro con luz solar, sino que también aquel iluminado por luz artificial, aquel que ve morir el día, y ve nacer la noche, aquel que al igual que quienes lo recorren, por momentos siente soledad, la misma que me provoca a mi el oír el primer verso del tango “A media Luz”.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Los fin de año nos ponen melancólicos…

Para no abandonar este hermoso ejercicio de escribir en un blog, he decidido continuarlo un tiempito más. Aprovechando que estamos en épocas festivas, épocas en las que los bizcochitos Don Satur son reemplazados por más y más pan dulce a la hora del mate, épocas en las que hay que hacer largas filas hasta para ir a la mercería a comprar un botón para esa camisa que quedó a medio coser, debido a la locura que se le despierta a la gente, ese deseo imparable de colmar todos los negocios habidos y por haber en búsqueda de mejores precios para los regalitos de navidad, estamos en esa adorable para unos, insoportable para otros, época navideña. Poniendo en la balanza lo bueno y lo malo de estos días… lo bueno es que se prepara mucha ensalada de frutas ( y eso es bueno por el calor, y para no deshidratarse); lo malo es que hacen demasiada ensalada para cuatro gatos locos, y va sobrando y sobrando, y los últimos días ya hasta se pone fea, pero bueno no estamos en época de tirar nada. Lo bueno es que la familia trata de estar unida, de pasar un buen rato, lo malo es que de tan unidos y dado a que no hay remises ese día, la familia debe dormir toda en la misma casa si viven lejos, por ende unos duermen en camas, otros en el piso, unos roncan, otros se levantan 6 veces mínimo al baño, los más viejitos a las seis de la mañana ya están levantados tomando mate con los restos de pan dulce de la noche anterior, y uno (vago como siempre) hasta las doce del mediodía que está la comida del 25 no se levanta. Tenemos un receso, un par de días en los que hacemos espacio en el estómago para darle lugar a la comida de fin de año. El fin de año es algo más liberal, ya no se pasa sí o sí con la familia, un puede optar por irse con amigos, o buscarse familias sustitutas, el caso es el mismo. Uno entona desde temprano ya con la sidra, como está con los amigos se hace “el goma”, el que se las sabe todas y empieza a mezclar bebidas, claro así llega a las 23:45 con una mamúa tremenda, poniendo en duda si aguantará hasta las doce para el brindis, y finalmente, no se sabe como pero uno llega. Se produce el brindis, todos se saludan y se abrazan con todos, (el resto del año se llevan a las patadas obvio, pero ese día, no se sabe bien por qué hay un cariño especial, debe ser la época), algunos se van afuera a ver los fuegos artificiales, otros se preparan para rajar en búsqueda de otros amigos y otros festejos. Los dueños de casa, como siempre, no se van de “rotation” sino que se quedan limpiando un poco la casa, para luego disponerse a dormir de corrido el primero de año, pero esto no ocurre, porque al igual que los viejitos de la navidad que a las seis de la mañana, ya sea por el calor, o simplemente porque duermen poco, ya están levantados tomando mate o café. En fin, no todos pasan sus fiestas de esta manera, algunos la pasan peor… pero lo importante es que por más recelo que uno le tenga a la época festiva que se da a finales de diciembre, no debe olvidar su significado, el cual yo no lo sé, pero bueno, tengo tiempo para averiguarlo todavía. A tomar las fiestas con calma, y no como una reflexión de fin de año, sino como un consejo.
¡A cuidarse de las garrapiñadas adulteradas que venden en el tren!

Felicidades.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Nada más queda...




Fue un placer compartir esta cursada.

Reflexión de final de cursada

“Los géneros literarios dependen, quizás, menos de los textos que del modo en que éstos son leídos. El hecho estético requiere la conjunción del lector y del texto y sólo entonces existe”. (Jorge Luis Borges)

Esta frase, resume para mí toda la cursada. En cuanto a la propia experiencia, todo lo visto en clase llegó a mí de diferentes maneras, o por diferentes aspectos. Si bien, me interesaron más algunos géneros que otros, ninguno me desagradó ni me llevó a pensar que era en vano que estuviese en la cursada. Todos estuvieron allí por algo. Algo así como…una suerte de destino, y si verdaderamente esto fue así, y todo lo leído (pensado globalmente, en conjunto) estaba destinado a que yo lo lea, ¡bienvenido sea ese destino tan enriquecedor! No sólo me queda la experiencia de haber leído uno o varios textos, sino que me queda la experiencia de haberlos sentido, y ¿qué mejor que sentir un texto?, donde no busqué comprenderlos del todo, ni buscarle explicaciones para mi comprensión, simplemente los sentí. Obviamente que unos se sienten más que otros, pero todos son de por sí, ahora, parte de mí. Esta apropiación de textos por mi parte, la tomo como un “préstamo” de por vida, ya que todos ellos dejaron algo en mi persona, me brindaron al menos una palabra que desconocía y que por el mero hecho de seguirle el ritmo al texto, averiguaba su significado, una metáfora que me hacía tener una visión diferentes del mundo, una simple y pequeña historia que arrastraba consigo otra compleja y gran historia. Todo lo visto, sirve de base, de una sólida base de conocimiento, comprensión y aprendizaje. ¡Qué más se puede pedir!
Fue un agrado compartir esta cursada, más allá de los contenidos internos de la materia, también estaban los contenidos externos tales como los compañeros de clase, que día a día demostraron que subían un escalón más hacía el camino de la escritura, algunos hasta me han sorprendido en sus formas de escritura, otros me han deleitado con lo mismo, otros simplemente oyeron y aprendieron, no creo que ninguno haya quedado a mitad de camino, creo que todos avanzamos, unos más otros menos, pero no nos quedamos estáticos, nos movimos, nos movemos.

Ensayo (parte I)

Sujeto Tácito: el que escribe y no está

Los vencedores cuentan la historia,
los vencidos la escriben.
(Ricardo Piglia)

¿Es posible analizar la obra literaria de Walsh, independientemente de su militancia política? Eduardo Jozami creerá que estas dos variables son inseparables, la palabra y la acción aparecerán como conjunto, tal como lo manifiesta en el título de su obra. Esta no es sólo una idea antojadiza de Jozami, sino que también es una pregunta que el mismísimo Walsh se hacía para pensar su propia literatura. ¿Qué le corresponde escribir a un militante y qué no?
El sello distintivo de la literatura de Walsh es la realidad que se manifiesta en sus escritos, al punto tal de casi anular la ficción. Paradójicamente, también es la literatura la que termina politizando a Walsh, dado que empieza a adquirir cierta conciencia a la par de que comienza a escribir Operación Masacre (1957) casi por casualidad (o por extraña causalidad) cuando un hombre pronuncia una frase que capta su atención: “hay un fusilado que vive ”. Me pregunto que hubiera pasado si no hubiera escuchado estas palabras, ¿su vida como escritor hubiese sido la misma? Esto me recuerda a una frase de El conde de Lautrèamont que decía que “los más grandes efectos, lo producen a menudo, las más pequeñas causas²”. Operación Masacre anticipa nueve años lo que en Estados Unidos se dio a conocer como non-fiction o nuevo periodismo, de la mano de Truman Capote con su libro A sangre fría (1966).
Sin embargo, existen diferencias en las intencionalidades de cada autor. Mientras que Capote buscaba realizar una exploración estética y una renovación literaria basada en comenzar a pensar al periodismo como arte (tal como lo expresa en el prefacio de Música para camaleones), la idea de Walsh trascendía la búsqueda estética y tenía un carácter denunciante, exigiendo a su vez un contrato con el lector para que éste no mire lo superficial, y pueda alcanzar una visión de realidad: “Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya. Yo no creo que un episodio tan complejo como la masacre de Avellaneda ocurra por casualidad³”. En esta cita, Walsh propone
explícitamente una lectura política de lo que se está diciendo. Otra diferencia entre ambos autores consiste en que mientras uno golpeaba las puertas de las editoriales (espacio por excelencia de distribución literaria), el otro publicaba sus escritos, primariamente, en espacios tales como el semanario de la CGT (¿Quién mató a Rosendo?), o el diario Revolución Nacional (donde aparecieron los primeros reportajes correspondientes a su obra Operación Masacre).
Existe un cierto debate acerca del género no-ficción, poniendo en discusión si este es o no un nuevo género. Los que no lo consideran como tal dirán como argumento que sólo se trata de una reaparición del momento realista, una suerte de realismo tardío. Pero, ¿qué es lo que pasa (para decirlo en palabras de Norman Mailer) cuándo la realidad ya no es realista? Hay en éste género un juego dual, en el que no se puede decir que se está ficcionalizando cuando lo narrado ocurrió realmente, pero tampoco se puede decir que se habla de la realidad (como algo inmutable) cuando el lenguaje (por definición y por esencia) no es transparente, sino que es siempre una re-presentación de lo real, re-significación de lo real y transformación de lo real.
A pesar de este estrecho vínculo con la realidad, Walsh no renunciaría a la experimentación literaria, tal como lo muestra en cuentos como “Fotos” y “Nota al pie”, exhibiendo que su literatura trascendía en profundidad la discusión de qué es lo que debe escribir un militante.

Ensayo (parte II)

En “Fotos”, en ningún momento aparece una linealidad (con linealidad me refiero a los sucesos narrados sincrónicamente uno tras otro) en el relato, ni temporal, ni espacial. Se vale de distintos recursos como anotaciones, cartas y diálogos. Al lector no le aparece toda la historia ya construida, sino que es quien lee el encargado de ir armando la historia (como un rompecabezas). De esta manera se presenta una decisión estética que vuelve a involucrar a un lector activo. Esta forma de narrar fragmentaria tampoco está alejada de la realidad, una realidad en la cual muchas veces somos nosotros los que la vamos construyendo y entendiendo, superando los obstáculos que ésta nos presenta. En lo que refiere al contenido del texto, Walsh instala a través de sus personajes un debate ya histórico en el seno del arte ¿Qué es lo que ocurre cuando la fotografía entra en acción en el campo artístico? Aquí, el personaje principal (Mauricio) se quiere forjar como artista, mediante la fotografía y concibe dentro de ella un fenómeno aurático, la captación de algo que trasciende la propia realidad, y que puede aparecer solamente allí, en lo fotografiado. No obstante, aparecen otras voces en el relato que ponen en discusión esta concepción (por ejemplo, para el personaje de Ordóñez “un fotógrafo es un peluquero, un boticario, a ver si al peluquero o a mi se nos da por hacernos los artistas” ) También aparece, en este caso, casi de manera unívoca la visión de la fotografía como documento histórico, cuando se incendia el espacio donde las fotos estaban guardadas, todos advirtieron la gran perdida para el pueblo. Aparece de trasfondo en esta historia, una dicotomía histórica dentro de la Argentina: el campo como opuesto de la ciudad.
En “Nota al pie” también realiza una experimentación formal-estética, la nota al pie utilizada como simple aclaración marginal, en este relato se convierte en la parte central de la historia, en un recurso que va cobrando vida. Se puede realizar una analogía entre lo que sucede en la realidad (social) y lo que sucede en el relato: frente a las diferentes voces que aparecen acalladas y marginadas en una sociedad, Walsh propone romper con lo establecido, y que esas voces cobren relevancia.
Walsh pensará su propia escritura como un oficio, “el violento oficio de escribir”, y como un “avance laborioso a través de la propia estupidez”, un trabajo metódico que él mismo ejemplifica cuando explica cómo escribió una nota publicada para el periódico Siete Días: "Para la nota sobre luz eléctrica invertí 60 páginas de apuntes y transcripciones, unas 30 páginas de borradores y 20 páginas de original, es decir un total de 110 carillas dactilografiadas. Realicé unas 6 horas de grabación. Invertí un total de 87 horas de trabajo, repartidas en 13 días, o sea casi 7 horas diarias” . La escritura, aparece entonces como un trabajo en contraposición a una idea de artista-escritor que escribe inspirado por las musas o por una iluminación divina. Se opone rotundamente a ideales como el de Rilke, quién proponía que no podría escribir aquel que no tuviera una necesidad espiritual (en oposición a la materialidad) “Sólo hay un recurso: vuelva sobre si mismo. Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo si moriría, en el supuesto caso que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: ¿debo escribir? Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta es afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple DEBO, entonces construya su vida según esta necesidad".
Esta idea de pensar a la escritura en relación al trabajo y el oficio es una idea propia de los modernismos artísticos. Baudelaire ya a la hora de escribir “Las flores del mal”, empezó a entender la escritura como una labor pedregosa, donde el poeta ya no escribía por impulso como en el romanticismo, sino que lo hacía en una relación tensa con su material de trabajo, con infinitas correcciones y reescrituras. También en el caso de Baudelaire aparece un fuerte rechazo a la figura del burgués. Concepciones como éstas, abren un espacio para la aparición de nuevos escritores que ya no tienen que esperar a que la inspiración divina surja, sino que deben tomar su pluma y comenzar a escribir en un ejercicio de prueba-error. Ese ejercicio que ejemplifica Walsh, no será un ejercicio de escribir por escribir, del arte por el arte en una esfera autónoma que le da la espalda a la sociedad. Pienso en aquello que escribió Oscar Wilde alguna vez: “Podemos perdonar a un hombre por hacer algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es que uno lo admire intensamente” pero ¿por qué no se podría admirar algo útil? Más aún cuando esa utilidad tiene que ver con pensar en el otro, ofrecerle otra mirada, mostrarle la otra cara de la moneda.
En Walsh, el arte y el oficio de escribir recuperan en cierto sentido una fisonomía humana que se había perdido con un arte deshumanizado que tendía cada vez más a la abstracción y a las formas geométricas. Aparece entonces el hombre recuperado, forjando su propio destino y su propia identidad, enfrentándose con un mundo convertido en una gran herida y buscando cicatrizarla, a través de cada palabra.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Tema: el epígrafe

Antes de comenzar a redactar mi ensayo, opto por encontrar un epígrafe acorde con él. Es increíble como ha adquirido identidad propia mi ensayo, que ya cuando uso un pronombre uso ÉL.
La cuestión del epígrafe, me ha llevado a sumergirme más en la lectura (más de lo que ya venía sumergiéndome, y eso que ya era mucho) y en tratar de encontrar en unas simples palabras, algo que resuma mi ensayo, ya sea lo que tendrá como contenido o lo que sea. Pienso que debo colocar dicho epígrafe una vez que haya finalizado con el ensayo, porque tal vez de otro modo, me condicione con lo que vaya a escribir, pero (y pese a eso) hay algo que me dice que debo colocarlo antes, no importa de donde lo saque, pero debe ser lo primero que mi mano debe trazar en la hoja del ensayo.
Leo y leo. Sólo necesito unas pocas palabras, cinco tal vez seis, tal vez cuatro. Sólo sé que las necesito. Debo contar con ellas como fieles amigas y aliadas. ¡Qué locura! ¡Estoy hablando de encontrar palabras amigas!, creo que como dice Flusser, el ensayo se está convirtiendo de a poco en algo que se torna central en mi vida, y no como algo cotidiano, sino como algo actual y necesario.
Los vencedores cuentan la historia, y los vencidos la escriben, es un fragmento de Ricardo Piglia publicado en un artículo titulado “Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)”. Creo que eso resume a Walsh, sujeto elegido por mí para el ensayo. Siento un poco de alivio ya con estas palabras dentro del “paquete” (o mac combo) del ensayo. Siento que es un paso más hacia delante. Si sigo a éste ritmo, calculo ir bien con los tiempos para la realización del trabajo.

Ensayo

Título:
Sujeto Tácito: el que escribe y no está

Epígrafe:
Los vencedores cuentan la historia, los vencidos la escriben. (Ricarlo Piglia).

Imagen metafórica:
El mundo como una gran herida que Walsh buscaba cicatrizar con cada palabra.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Viernes 14 de noviembre de 2008

A partir de un ejercicio hecho en clase, trabajar dialogando con las citas que seleccionamos para usar en el ensayo, y con el texto de Flusser.

Citas elegidas:

(1) “Podemos perdonar a un hombre por hacer algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es que uno lo admire intensamente.”
(Prefacio del artista de Oscar Wilde, publicado en EL RETRATO DE DORIAN GREY)

(2)”Sólo hay un recurso: vuelva sobre si mismo. Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo si moriría, en el supuesto caso que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: ¿debo escribir?. Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta es afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple DEBO, entonces construya su vida según esta necesidad.”
(Rainer, María Rilke en CARTAS A UN JOVEN POETA)

(3)“Los más grandes efectos, lo producen a menudo, las más pequeñas causas.”
(El conde de Lautrèamont en LOS CANTOS DE MALDOLOR)

Pensando en Rodolfo Walsh para mi ensayo, creo que la cita (2) es exacta en su contenido. Walsh, en todo su camino como escritor, recorre todo lo que Rilke menciona. Pienso en su compromiso (no con los lectores) sino consigo mismo, con ese poder de querer hacer que las cosas se sepan. Él lograba sacar las pruebas a la luz, y me viene a la mente ahora una frase que aparece e Operación Masacre, en donde Walsh advierte que quién quiera tomar ese texto como una ficción, bienvenido sea, pero que su propósito más profundo es denunciar un caso determinado. Walsh aquí toma sea postura que menciona Rilke acerca del DEBER HACER, el deber denunciar, el no tolerar que algo quede impune. No veo a Walsh como un héroe, pero si como un hombre muy valiente, que enfrentó una lucha en donde la palabra fue su única arma, su defensa, su alivio.
En cuanto a la cita (3), pensándolo bien, podría corresponder al epígrafe de mi ensayo, pero eso lo veré más adelante. Esta cita me recuerda a otra parte de Operación Masacre, en donde Walsh comienza a investigar la matanza de José León Suárez porque oyó algo (casi por casualidad) en un bar, un comentario que fue el puntapié inicial para el desarrollo de su trabajo de investigación (creo recordar que se cambia el nombre, y luego se muda o algo así).
La cita (1) la elegí más que nada por la primera parte, la cual me parece muy exacta para el trabajo del ensayo, como una visión que alguien puede tener acerca de Walsh como escritor comprometido.

Flusser dice que lo característico del ensayo es no resolver su tema, no explicarlo, transformarlo en un enigma. Espero lograr eso con el mío, que cuando sea leído no suene a que es un homenaje a Walsh, no que intento explicar las causas por las cuales el escribe ni mucho menos, espero verdaderamente que el ensayo se torne enigmático.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Bloque IV: ENSAYO

Luego de un ejercicio bastante relajante que propuso Celia durante la última clase, aparecieron los primeros indicios del futuro ensayo.
Ensayaré sobre la escritura de Rodolfo Walsh, sustentándome en diferentes ejes (sujetos a cambio):
-Rodolfo Walsh y la no ficción.
-La escritura para él como oficio, como un avance laborioso. (se podría establecer aquí una comparación con lo leído en clase de Capote)
-Contraposición con la postura de R.Maria Rilke, en tanto a la escritura como inspiración pura, como una necesidad espiritual, algo contrario a lo que postula Walsh.
-Escritura y compromiso político.Escritura e identidad. Walsh forjando su posición de escritor comprometido.
-Walsh: estilística literaria.
-Pensar al cuerpo de la escritura como una escritura capaz de denunciar (que es lo que hace Walsh tanto en "Operación Masacre" como en ¿Quién mató a Rosendo?)

Puedo hallar fundamento bibliográfico en el prólogo de "Operación Masacre" y el de ¿Quién mató a Rosendo?, en donde Walsh no solo es el narrador de los hechos, sino que también obra como denunciante de los mismos. "El violento oficio de escribir" puede también aportarme herramientas útiles para el ensayo.
Otros libros a trabajar serían: "Cartas a un joven poeta" (Rilke), la entrevista que Ricardo Piglia le hace a Walsh, "Rodolfo Walsh:La palabra y la acción" de Eduardo Jozami.

El arte de narrar (reflexión del género narrativo)

El título de esta reflexión pertenece a un capítulo leído en clase de Walter Benjamin, y es para mi, la frase que sintetiza todo el proceso de narración que puede llevar adelante cualquier persona, pero un proceso visto desde el punto de vista artístico, desde esa arista (o faceta) de arte que cada individuo (a veces sin saberlo) posee. Si bien no es una tarea nada sencilla tomar asiento, y volcar en el papel alguna idea que sea puntapié inicial como para desarrollar una narración, lo cierto es que una vez que esto ocurre, los destinos de nuestras propias narraciones dejan de ser inciertos, para convertirse en historias sólidas, historias que cargan consigo el peso de haber existido en la realidad misma, o simplemente en la imaginación de algún narrador. El camino de la narración puede ser visto, en un primer momento, como un camino que no posee un final, que no se corta, que atraviesa dificultades por doquier pero que siempre continua, decir que una narración terminó equivale a decir que el narrador terminó de contarla, y eso no puede suceder, el narrador siempre continúa de un modo u otro sus historias, aunque no las refleje en un papel, en su cabeza quedan flotando otros tantos destinos inciertos que podían haber cerrado la narración, pero siempre quedará latente otro posible final, otra posible interpretación, y esto es lo que hace que la narración no posea un final concreto, que siempre deje la puerta abierta de lo que pudo haber sido y no fue, que establezca un juego de ida y vuelta con el lector, que me permita contar como quiero que sea una historia, y también como no quiero que lo sea. Creo que es un maravilloso proceso el poder narrar, el poder elegir, el poder crear.
Dentro del mundo narrativo, Yeannoteguy y Alvarado nos ofrecen un vistazo histórico acerca de aquellos cuentos que han marcado la infancia de muchas generaciones en diversos lugares del mundo y que tienen como una historia dos, recordando un poco a Piglia, un fiel reflejo de las sociedades de esas épocas. Las narraciones, tanto escritas como orales, pueden desprenderse de ideas que provienen de la propia experiencia del narrador, aclarando aquí que el narrador de textos escritos no es el autor de la obra, sino que es una voz que narra dicha obra. En cambio, la narración oral no posee autores identificados, siempre se narran en tercera persona.
¡Qué importante es contar con la herramienta de la descripción en el cajón del escritorio! Ese utensilio que me permite describir rasgos, aspectos, fragmentos de algo determinado en un retazo de tiempo dado. ¿Qué mejor que la descripción para narrar la primera vez que uno vio el mar? O ¿el primer día de escuela? O simplemente el momento en que uno se enamora. Obviamente que todas estas descripciones implican un trabajo mental con los recuerdos, para lograr que emerjan lo más sólidos posibles y me permitan reconstruir esa escena, básicamente describirla.
Benjamín nos define a la narración como una “forma artesanal de la comunicación”, y es este modo artesanal el que reconstruye (desde la experiencia) un suceso y decide compartirlo, describirlo, o articularlo de modo tal que le llegue a alguien.
Raymond Carver escribió algo que aún me deja pensando, y que dice: (...)“a riesgo de parecer tonto, un escritor necesita a veces tan sólo presenciar con la boca abierta esta cosa o la otra –un atardecer o un zapato viejo- en puro y absoluto asombro(...)”. Me parece esto una síntesis acerca de lo que implica el oficio del narrador, la cual ante todo invita a la reflexión de quién narra primero, y quién recepta en segundo lugar. Pienso que si un narrador logra presenciar cualquier acontecimiento que se le presente ante sus ojos y luego trasladarlo (mediante la narración) a otra persona ( o a algunas otras personas) de un modo similar, fragmentado, o hasta con los condimentos propios de la ficción, ese narrador ha cumplido con su objetivo. Ha contado una historia, ha invitado a su lector a sumergirse en ella. “El arte de narrar es un arte de la duplicación; es el arte de presentir lo inesperado”(Ricardo Piglia).

viernes, 7 de noviembre de 2008

Fotos (de Rodolfo Walsh)

Se pueden pensar en este cuento, al modo de Piglia, dos historias dentro de un mismo cuento. Por un lado, tenemos la historia uno en donde Mauricio es mostrado (por el narrador) como una persona querida por sus amigos, que encuentra en la fotografía algo que realmente siente y disfruta, pero por detrás de todo esto, tenemos a la historia dos, en la cual toda esa locura que parecía estar emparentada con la simpatía de Mauricio, se convierte en una locura ante la mirada de los otros, peligrosa. También comenzamos a entender que Mauricio es un personaje atravesado por el sufrimiento, lo que no cambia es su amor por la fotografía, amor el cual lo lleva hasta el extremo de fotografiar su propio suicidio.
Walsh utiliza distintos recursos a lo largo del cuento, la historia es narrada por distintos personajes, en distintos apartados que aparecen de manera fragmentaria. En ningún momento aparece una linealidad en el relato, ni temporal, ni espacial. Incluso, hasta aparecen partes de cartas. Al lector no le aparece toda la historia ya construída, sino que es éste mismo el encargado de ir armando la historia (como un rompecabezas).

Cuento de Leandro Viggiani (devolución)

El cuento de Leandro parece tener todos aquellos ingredientes que constituyen un buen cuento, con matices románticos, y también tiene ese toque de descripción que hace que quien lee se vaya imaginando a su protagonista como tal, rubia, de vestido y con mocasines, corriendo por el campo. Me gustó mucho releerlo, y me hubiera gustado (y esto a modo de sugerencia) que Leandro alargase un poco más el cuento (no mucho) y que nos contara lo que imaginaba el narrador que pasaba por la cabeza de ella, imaginando posibles encuentros con su amada, posibles finales (por más que no hayan ocurrido realmente, posibles desencuentros ¿por qué no?. Me parece una historia muy bien contada, muy bien articulada, muy bien descripta, sólo me hubiese gustado saber un poco más de lo que el narrador supone que piensa la protagonista.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Condenados a hablar

Martes 28 de octubre, Universidad Nacional de Quilmes, 20 hs., salón auditorio. Se llevan a cabo dos días de jornadas acerca de los procesos comunicacionales y las prácticas culturales. Me toca presenciar el primer día de charla en donde el eje central es la comunicación radiofónica comunitaria. La presencia de Oscar Bosetti (docente de la carrera de Comunicación Social de Quilmes, entre otras instituciones) resulta estelar en la reunión que nos convoca. Él es el encargado de dar el inicio, planteándonos si es pertinente o no decir que la función de la radio comunitaria es básicamente darle la voz a aquellos que no la tienen, él dice: “…no es que no tienen voz, es que sus voces, desde hace cinco siglos han sido acalladas... (y prosigue) cuando uno hace radio no tiene otro camino más que hablar, la materia prima que utilizamos para ello es la palabra”. La comunicación radiofónica comunitaria, como movimiento, se ha hecho cargo de la palabra social. Este fabulosa herramienta llamada radio, vio la luz en el año 1927, y desde entonces se ha planteado cuál es verdaderamente la meta que tiene que pensar la radio como tal, hacia donde nos orienta esto. Bosetti concluye su exposición respondiendo a este interrogante: “que el oyente no sea oyente, sino protagonista”.
En la segunda parte de la charla, interviene Francisco Godinez Galay (director del centro de producciones radiofónicas), él propone ahora el tema de la producción de contenidos que deben afrontar las radios comunitarias, (al igual que otras que no lo son, pero a las que tal vez les cueste un poco menos conseguirlo). Las radios comunitarias son aquellas que se sitúan más cerca de la población; aquellas no comerciales, sin fines de lucro, y por ello deben portar el carácter de radio “legal”, deben tener una ley que las ampare. El último en exponer es Diego Dominguez (actual miembro de una radio comunitaria), quién afirma: “todos tenemos voz, pero por ahí no tenemos un micrófono o antena disponibles, pero se pueden conseguir. Desde la experiencia, Diego refiere a los acontecimientos que tuvieron lugar el 19 y 20 de diciembre de 2001 en nuestro país, los cuales (de algún modo) obraron de disparador para (entre otras cosas) impulsar la radio "La Colectiva", radio que él conforma y la cual, en la actualidad, es transmitida por internet mediante la Red Nacional de Medios Alternativos (conformada en 2004). Cierra su exposición con una breve reflexión personal: “cuando uno conoce la radio, termina enamorándose, y adentrándose así en su formato”.
La charla deja muchas cuestiones planteadas, las cuales llaman tanto a la reflexión como a la preocupación. Se halla presente la necesidad de obtener ese ansiado título de “legalidad” (que sólo puede provenir por parte del estado), que le corresponde a este medio comunitario. Como prestador de servicios en la sociedad civil ( y que también hace su aporte en los ámbitos culturales y educativos de la misma), la radio debe contar con dicho rótulo, entre otras cosas, por el simple hecho de que cuenta con casi todas las características necesarias para ser considerada un medio (o al menos trabajan a diario para conseguirlo). Como decía, el estado es quién debe garantizar esta cuestión, promover la expansión de éste (y otros) medios de comunicación.
Luz, micrófono y voz para todos aquellos que desean participar de un medio de expresión y difusión como lo es la radio comunitaria.



Para mayor información, dejo algunos links que pueden ser útiles:
www.lacolectiva.com.ar (Radio La Colectiva)
www.rnma.org.ar (Red Nacional de Medios Alternativos)

El Solitario (dos historias, un solo cuento)

Ya ni siquiera se cuantos días han pasado, cuántos años, estaciones, la soledad es como un cautiverio, qué digo, es todavía peor, el cautivo no está solo, está con otros cautivos, ojala pudiera hacer lo que hacen en las prisiones, descontando los días en los que terminará esta soledad, pero no, es imposible.
Mi destino es absurdo, cuando el frío llega junto a las estalactitas, mis ropas comienzan a caer, quedo absolutamente desnudo, cuando el calor asoma junto al fuego, el abrigo vuelve a aparecer, como si fueran mil frazadas que me envuelven.
He tenido compañías pasajeras, es cierto, pero dígame usted, cuan acompañado se sentiría con una colonia de hormigas rojas trepando su brazo, con una oruga colgando en sus orejas que una vez convertida en mariposa vuela para vaya a saber uno donde, con una ardilla mordiendo sus talones.
A veces sueño… despierto, porque me cuesta tanto dormir, sueño con un rostro que me pueda mirar fijamente a los ojos, que no se vaya corriendo, que no se escape de mí.
De vez en cuando siento que los autos que pasan por la carretera se ven atraídos por mí, como si quisieran embestirme a toda velocidad, pero alguna razón extraña los mantiene sobre el carril, sobre esa interminable línea punteada amarilla…. Salvo aquella vez…
Ya atrás, han quedado en el tiempo las tardes en las que el hombre con apellido de Dragón, despreocupado, componía dulces y melancólicas melodías, me enseñó que la luna tiene algo de rosa, supe que el tampoco podía dormir, ya no le interesa visitarme, tampoco se si vive. Él decía que la soledad era el precio que tenía que pagar por la verdad, que la sabiduría era imposible en sociedad, pero cuanto haría yo por desprenderme de toda esta verdad que tengo. ¿De Qué me sirve una verdad, si no tengo con quién compartirla?.
Atrás han quedado los jóvenes felices que venían a dejar sus nombres en mi cuerpo. Las personas protegiéndose de la lluvia y de los rayos, los niños subidos a mi hombro, con las rodillas un poco raspadas, pero definitivamente felices.
Me pregunto si yo no seré el culpable de todo esto, si hay algo en mí que hace que los demás se alejen, me pregunto si todo será por aquel incidente.
Se me hace insoportable ver la carretera, pensar que tantos pasan tan de cerca, y nadie se asoma ni siquiera a mirarme, a ofrecerme un poco de agua a cambio de un poco de sombra. Antes lo hacían más a menudo, dejaban el auto ahí, desplegaban manteles floridos realmente horripilantes, y tomaban mate, o comían un sándwich, y hablaban de cuanto faltaba para llegar a Mar del Plata, cuanto para Necochea, de que iban a hacer varias paradas más.
Ustedes si me vieran, ya sin raíces, cómo puedo seguir viviendo, ni yo lo se, me he quitado todas las raíces, pensando en otro mundo, más oscuro quizá, pero menos solitario, pero nada ocurrió.
Lo único que desearía es volver el tiempo atrás, no se exactamente a que momento, porque no se cuando todo empezó a andar mal, o quizá el tiempo adelante, nosotros los solitarios, no sabemos si en realidad el tiempo no corre hacia atrás.
Pero… el ultimo en mirarme, no puede ser, aquél auto… el conductor nocturno que me vio… me niego a pensarlo, pero ya es innegable, aquél conductor que se estrelló con su auto contra mi cuerpo… ya nada queda de él, ha sido el último, el ha muerto, y todo aquél que me vea correrá el mismo destino, ahora entiendo, ya nadie se atreve a acercarse a mí, no saben que nada de esto es mi culpa, si tan solo supieran lo que es ser un árbol maldito… si tan solo estuvieran dispuestos a morir.

sábado, 25 de octubre de 2008

Nota al pie (Rodolfo Walsh)

Establece un diálogo (implícito) entre los personajes. Utiliza este apartado al pie de página, como para responder o agregar algo a las frases pertenecientes al relato. Lo interesante es como este apartado, va cobrando vida, al punto tal de pasar a ser más importante que el mismo relato. No ocupa ya un lugar mínimo, marginado y aclaratorio debajo de cada hoja, sino que pasa a convertirse en una de ellas. Pasa a ser la historia contada desde las notas al pie. ¿Cómo lograr que aquellas olvidadas palabras situadas al pie de página cobren tanta consistencia, al punto tal de opacar casi por completo a lo que se refiere al texto en sí? Solo Walsh puede contestar esto.
Mediante la carta del personaje de León, se va construyendo una de las historias, la cual crea un hilo de yuxtaposición con la otra historia que puede leerse. Esta carta que va apareciendo primero a cuenta gotas, luego va cobrando importancia y adquiriendo cuerpo dentro del texto. La postura de Otero frente a este León luchador (el cual se apodera de la palabra del otro) es de un notorio poderío, el cual marca lo que quiere hacer, que fin desea llevar a cabo. Si hay alguien con la autoridad suficiente como para eliminar esas notas al pie, ese es Otero.

Otra tarjeta de escritor (extraviada)...

"Lo importante nunca se cuenta. La historia secreta se constituye con lo no dicho, el sobreentendido, la alusión".
(Ricardo Piglia, en tesis sobre el cuento)

El hombre que ríe ( y por qué no el que llora)

Dos historias claramente marcadas en este cuento de Salinger. El hombre que ríe suena a leyenda, suena a metáfora, suena a alter ego (de algún protagonista, en este caso del jefe). El hombre que ríe puede estar en China, o a la vuelta de la esquina. (¡Qué bueno que así sea!).
Definitivamente tenemos una historia contada desde un punto de vista, el de un niño, situado allá por el año 1928, el cual vive como aventura todo lo que sucede a su alrededor. Tenemos, por otro lado, a todo el grupo de los “comanches”, aficionados al béisbol, quiénes oyen atentamente (y casi a diario) la historia que su entrenador le cuenta en los viajes hasta el campo deportivo. El entrenador (o jefe, como solían llamarle los comanches) está pasando, a su vez, por una situación afectiva que le atañe mucho. Se ha enamorado. Este enamoramiento, el cual se relata a los largo de la historia, tiene ciertos matices, los cuales hacen que en determinado momento, el jefe decida contar el final de su historia “el hombre que ríe”. No sólo quería contar el final de la historia que él mismo había inventado, sino también darle fin a su relación con aquella muchacha. “El hombre que ríe”, puede claramente ser un espejo de su propia realidad (aunque mucho más ficcional, y fantástico), puede querer contar su historia a través de esta leyenda que él relata a los pequeños. Sea cual fuese la cuestión, y si tomamos verdaderamente el caso de que este hombre que ríe no es más que el alter ego del propio entrenador, dadas las circunstancias de su rompimiento amoroso, este hombre no debería ya reír tanto, sino que podría caer en llanto, o al menos sumergirse en una gran pena, algo que demuestre que su amor por la muchacha le había llegado al corazón y que no quería perderla.
Toda la historia la tenemos desde un único ángulo (el del niño relator), y es el quién nos permite adentrarnos en la historia dos, aquella que me dota de sentido toda la historia.

Un día perfecto para el pez banana

Cuenta la historia de un una pareja que decide irse de viaje. La escena primera describe como la mujer de la historia habla por teléfono con su madre, la cual (muy preocupada), le pregunta constantemente por el estado actual de su marido. Éste último, había vuelto de la guerra y traía consigo violentas actitudes que a la madre de la mujer asustaban mucho, no así a la mujer misma. Los desequilibrios que posee el hombre no parecen notorios cuando se halla en la playa con una niña a la cual le cuenta la historia de los peces banana, “los peces bananas tienen debilidad por las bananas. No es una forma de decir. Las bananas hacen salir a flote toda la debilidad de los peces banana” relata el hombre, y aquí puede (o no) leerse una metáfora el cuanto al hecho de que esa debilidad de la que habla el protagonista desemboque en otra cosa, en otra cuestión, la cual redunda en que dicha debilidad deja entrever otras cosas u otras debilidades.
En el artículo de Sandra Russo (publicado en Página 12), ella refiere al hecho de que el protagonista pudo soportar ir a la guerra (de formar parte de ella) pero no soporta hacer de cuenta que no estuvo allí, y creo que esto es lo que se ve demostrado en el desenlace del cuento. El protagonista acaba repentinamente con su vida.
Russo, además hace una analogía con este cuento de Salinger y los sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, como para darle una mayor vigencia al cuento y define que “el mundo entero-para los norteamericanos- es un pozo lleno de bananas.”
Las dos historias de este cuento se identifican fácilmente, por un lado tenemos el viaje de esta pareja, y por otro, los acontecimientos relacionados con la guerra que involucran a uno de éstos personajes.